Curioso como cuando llegas a un cierto eslabón del viaje el cuerpo te pide más. Muy curioso, ya que en el fondo a pocos nos gusta viajar y a mi personalmente me entran siempre ganas de no ir al principio….pero llega la cuarta noche y allí es cuando la llamada de la selva, como lo llama mi buen amigo Ricardo, te penetra la vena a la altura del antebrazo, por el mismo sitio donde un yonki se mete la heroína las primeras veces o se hace una mierda de tatuaje el novato hortera.
Por allí y en ese preciso instante, entre la tercera y la cuarta noche, pasas de ser un desgraciado que viaja para ganarse las bellotas a un nuevo Odiseo en busca de aventura y paisajes nuevos.
La sangre te hierve y te da igual vivir de tu maleta. Todo te parece bien, desde la mierda de comida, hasta los horarios extraños, todo sabe a gloria y libertad, todo sabe a nuevos mares y aventuras aseguradas.
Siempre me ha pasado lo mismo, siempre en ese momento, en la india, en Japón, en USA o en Reus. pasas de ser un viajante a alguien que viaja.
Se cierne sobre ti, una especie de coktail explosivo de soledad, sadismo, empuje, miedo y ganas de mas, mas, mas. Supongo que debe ser como el buen sexo o los macarrones y las croquetas de mi madre, llega un momento que podrías estar comiendolos siempre.
Es un momento muy peligroso también, conozco a muchos que no han vuelto, y hacen de su vida un continuo trajinar de maletas. Vale la pena? una pregunta a la cual no responderé amigo!
Hoy desde Nueva York, el Lunes desde Londres, la semana pasada en Finlandia y en febrero quien sabe…pero esa droga del tercer día ha entrado hoy a full en la vena diciéndome: Venga Al cambia tu billete y ves a L.A. para un paseo. Ves! Ves!….
Y yo digo,: “why not man?”!!!!!
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